La empresa TASA fue destronada del primer lugar de la pesca industrial del Perú, por una firma de capitales chinos, tras una jugada en la que primó el dinero antes que los intereses del país. ¿Qué consecuencias traerá esto?

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Chimbote, tierra de gente luchadora, tiene grandes ejemplos de personajes que dejaron en alto el nombre no solo de la ciudad sino del país. Uno de ellos es el militar que se inmoló en la guerra con Ecuador de 1995. Esta es su historia de heroicidad y el agravio que recibió su memoria.

En octubre del año 2009 la Municipalidad Provincial del Santa desalojó a los comerciantes ambulantes del mercado El Progreso. Tras esa violenta expulsión, en las calles de esa zona desaparecieron los vendedores –aunque aún hay algunos por ahí actualmente–, pero junto a ellos también fue desalojado el monumento al héroe chimbotano de la guerra con Ecuador de 1995. ¿Qué paso con la estatua?

UN NIÑO LLAMADO WILSON

Wilson Charles Cisneros Cabos nació el mediodía del 21 de octubre de 1966 en la maternidad de María y su segundo nombre fue un agradecimiento a la religiosa que atendió a su mamá Alix Cabos Huaccha. El robusto niño creció en un hogar humilde en el jirón Ica N° 440, del pueblo joven Miraflores Bajo Zona I. Era el sexto de ocho hermanos y recibió una educación estricta en cuanto a los valores morales.

Wilson Cisneros realizó sus estudios primarios en el colegio San Miguel y sus estudios secundarios en el colegio nacional San Pedro. Siempre demostró ser un alumno responsable y aplicado en sus estudios, muy apreciado por sus compañeros y profesores. Así lo cuenta Asunción Cisneros Arriaga, su padre, quien ahora de 69 años de edad y se gana la vida vendiendo toffee en la puerta de Telefónica, en la avenida José Pardo.

Ya en secundaria, Cisneros Cabos comienza a demostrar cualidades que le destacaron del resto: era el estudiante modelo, siempre correctamente vestido y aplicado en sus notas. Cantaba el Himno Nacional a viva voz. Eso lo aprendió de su padre que le inculcaba el amor por nuestra patria, ya que don Asunción fue artillero en el Grupo de Artillería del Ejército en la Campaña N° 09 de 1953. En la secundaria le decían de cariño “Kiko”, por sus notables cachetes, recuerda Guillermo Chacón Cano, quien fue su compañero de clases.

Al terminar satisfactoriamente sus estudios de secundaria, le quiso dar una sorpresa a su madre. Por ello, no le dijo nada y se presentó en secreto como voluntario al Cuartel La Pólvora de Lima, ahí estuvo medio año. Luego lo derivaron a la Legión Peruana de la Guardia del Real Felipe en El Callao donde estuvo medio año más hasta que terminó su tiempo de servicio de un año.

EL MOMENTO DEL HÉROE

Para Wilson Cisneros la vida militar era su pasión. Por eso, tras descansar un año y sin dudarlo ni un instante, decidió 'reengancharse' pero esta vez ingresa a la Escuela de Comandos “Comandante Espinar”. Allí integró el Batallón N° 19 de la Primera División de Fuerzas Especiales siendo uno de los más destacados. Egresó con el grado de Suboficial de Segunda - Enfermero Militar en 1989 y pasó a ser parte de la Compañía Delta, unidad de élite en la lucha contrasubversiva.

A Cisneros Cabos le dieron un pelotón a cargo conformado por 25 hombres y es así como participó en la Guerra del Cenepa, que enfrentó a las fuerzas armadas del Perú y Ecuador de enero a febrero de 1995. Las operaciones militares se sucedieron en territorio correspondientes a la cuenca del río Cenepa, que es una zona de la selva alta, de complicado acceso, donde los factores climatológicos y logísticos dificultaban los desplazamientos militares. En ese escenario agreste el joven chimbotano se convirtió en héroe.

“Eran las 6 de la tarde de un 4 de febrero de 1995, cuando Wilson avanzaba con su pelotón y sin darse cuenta pisó una mina”, dice Asunción Cisneros, empezando a narrar el dramático episodio que le tocó vivir a su hijo.

El suboficial estaba a la mitad del pelotón y sabiendo que la explosión era inevitable, les pidió a los demás que retrocedieran. Cuando estuvieron lejos y sin poder resistir más, sacó el pie y la mina detonó. “Le mutiló una pierna. Aunque trató de hacerse un torniquete, necesitaba auxilio urgente, pero no podía abandonar a sus compañeros”.

César Wilson ya estaba herido antes de pisar la mina. Había recibido un disparo días antes en el hombro, pero no fue evacuado porque tenía otros hombres a su cargo y no quiso dejarlos. Tras la explosión, se hizo un torniquete en la pierna mutilada y continuó disparando su arma. No fue rescatado porque la zona estaba llena de minas y era peligroso. “Se mantuvo firme hasta las 9 de la noche”. Pasó horas esperando que alguien pudiera rescatarlo. Nadie llegó. Murió desangrado. El héroe chimbotano dejó a una viuda y un hijo de cuatro meses de nacido huérfano.

El gobierno de Alberto Fujimori, para compensar económicamente a la familia Cisneros, le dio a Blanca Soledad Saavedra Roja, esposa de Wilson, un departamento en la urbanización San Miguel, en Lima, y una compensación mensual para que viva sin apuros con su pequeño hijo Wilson Charles Cisneros Saavedra.

Sin embargo, el resarcimiento que más esperaban nunca llegó. A pesar de los años transcurridos, a la familia Cisneros nunca le devolvieron los restos de su pariente y el proceso de luto nunca terminó. Al padre de Wilson le dijeron que el cuerpo de su hijo estaba perdido, inubicable. Ahora, él nos dice que ya ha perdido la esperanza de que se los devuelvan.

AFRENTA A SU MEMORIA

En honor a nuestro héroe, el alcalde Guzmán Aguirre Altamirano decidió hacerle un monumento y colocarlo en el mercado El Progreso, cerca al puente Gálvez. Pasaron los años y en la gestión de la alcaldesa Victoria Espinoza García, sin respeto alguno y sin comunicarle nada a la familia de Wilson, decidió sacar el monumento junto a los ambulantes, sin antes haber planificado dónde reubicarla.

Ese error y atentado a la memoria de un hijo ilustre de esta tierra se mantiene aún. Este 26 de julio se cumplió un año de que Asunción Cisneros conversó con el alcalde provincial Luis Arroyo Rojas para averiguar el paradero del monumento y se enteró, con desagrado, que estaba en el taller municipal para que lo arreglen. Hasta ahora no ha salido.

“Porque soy pobre no me hacen caso, pero si tuviera dinero sería diferente. Me dijeron que el monumento lo tienen en el taller municipal reparando, yo quisiera que al monumento de mi hijo lo coloquen en el centro de Chimbote, frente a Pirani, en la avenida José Pardo”, manifiesta el señor Cisneros. A este pedido se unió la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL) Santa que envió una carta. Sin embargo, tampoco ha obtenido una respuesta.

Han pasado 18 años desde que un joven chimbotano murió en una guerra defendiendo nuestro territorio patrio y es una lástima que no haya en su ciudad natal ni una sola huella de él ni de su sacrificio. Siendo este héroe parte de la historia del Perú, esta falta de interés por difundir su historia –sobre todo a una población tan escasa de valores como el de la abnegación– es un claro signo del pobre nivel cultural y de criterio que poseen las autoridades pasadas y actuales. El héroe del Cenepa sigue esperando, no le fallemos.

EL BUSTO DESAPARECIDO

La municipalidad no es la única que ha querido rendir homenaje al suboficial y después ha 'desaparecido' la imagen. La promoción de secundaria de Wilson Cisneros, en el colegio San Pedro, decidió realizar una colecta y mandar a fabricar un busto en su honor. Esta estatua fue colocada en el patio del colegio, al lado de tres bustos más de héroes y benefactores del colegio, pero por el tiempo y ciertas circunstancias –el papá del héroe dijo que un escolar la rompió–, la escultura ya no está. El director del colegio Ysmael Aranda Aparicio dijo que la había sacado porque estaba deteriorada, sin embargo un docente de la misma institución contó lo de la travesura del escolar. (CAROLA ORTIZ ZAVALETA)


El dato

La Municipalidad Provincial del Santa entregó el 26 de julio una medalla de reconocimiento a los padres del héroe del Cenepa, pero su estatua aún no tiene un lugar definido donde ser colocada para que la vean todos los chimbotanos.

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