Daniel Cortez: “Ha habido una involución del arte musical en Chimbote”

Daniel Cortez: “Ha habido una involución del arte musical en Chimbote”

El director de Los Rumbaney y un integrante de Los Pasteles Verdes originales opinan sobre los cantantes y grupos chimbotanos actuales, y les dan su receta para el éxito: ser originales.


(Chimbote, 31/07/15).- Chimbote tiene una gran historia musical forjada por agrupaciones que brillaron con luz propia en los años 70. Los artistas de entonces fueron aclamados en todo el país e incluso en el extranjero, y aún hoy su música es escuchada por jóvenes y adultos, constituyendo un referente indiscutible para nuevos artistas. Pero, ¿qué pasó en adelante?, ¿nuestro puerto siguió siendo cuna de grandes exponentes musicales?

Cuarenta años después, los protagonistas de esa efervescencia musical: Santos Dionisio Cortez Belupú, el director de Los Rumbaney (1969), y Miguel Moreno Morales, bajista de Los Pasteles Verdes (1972), tienen una respuesta dura y similar a esa interrogante: Chimbote no ha visto florecer, menos destacar, a nuevos valores de la música, y la razón es una sola: antes se creaban y componían canciones con estilo propio, ahora los artistas se copian unos a otros y por eso todos suenan igual.

VOZ DE LA EXPERIENCIA

Daniel Cortez —se llama Dionicio pero todo el mundo le dice Daniel—, el legendario trompetista chimbotano, no tiene temor en decir que no le gusta para nada la música que actualmente se difunde. Las canciones de antes, dice, encerraban mensajes, mientras que las de ahora se han degenerado tanto en letra como en música.

“La palabra exacta es que ha habido una involución del arte musical en Chimbote (…) Yo no estoy de acuerdo con la música de ahora. Se ha degenerado la música en la actualidad”, sostiene con desánimo en la mirada.

Sentado en uno de los muebles que vende en su negocio, Miguel Moreno, el bajista de Los Pasteles Verdes, coincide totalmente con Cortez y destaca que la música de su exgrupo, por ejemplo, encerraba un mensaje a diferencia de las canciones actuales.

Miguel Moreno.

Para Moreno, “la tecnología ha hecho daño a la música y el arte”. Asegura que desde que salió el casete, los músicos se dedicaron a hacer copias y por eso nadie es totalmente original.

Con la llegada de la era digital, añade Cortez, los nuevos artistas han tenido la opción de grabar los sonidos de los instrumentos y así se ha ahondado en la carencia de arte.

Sostiene que la situación actual de la música obedece a “que los muchachos no les gusta estudiar, no les gusta componer, solo ven copiar y son copistas malos”. Aun así, el trompetista llama a todos “colegas” y los incita a crear música propia.

“A mis colegas les digo que tienen que hacer algo de ellos mismos, algo que les salga del corazón. La tecnología también ha influenciado bastante, vemos que se presentan y solo mueven la boca porque todo ya está grabado. Yo les llamo payasos”, dice con dureza Daniel Cortez.

Miguel Moreno no se atreve a dar un calificativo a los músicos locales de la actualidad, pero opina que “la mejor música hasta ahora sigue siendo la de los años 60 y 70, pero también cree que la música en nuestro puerto volverá a surgir con la fuerza de antes y que solo es cuestión de “tener fe”. Mientras tanto, dice, “Chimbote está viviendo de recuerdos”.

¿Y qué hacer para romper este presente lleno de artistas que suenan igual, solo repiten y no crean nada? Daniel Cortez finaliza con un consejo: “los músicos de ahora deben hacer música propia para destacar”.

PARA RECORDAR

La agrupación cumbiambera Los Rumbaney, inicialmente denominada Los Rumbaney’s, debutó un 13 de febrero de 1969 conformada por seis intrépidos jóvenes que saltaron a la fama con su tema “El poncho”, uno de los más de 60 sencillos que grabaron durante los casi seis años que estuvieron en la palestra.

Los Rumbaney.

Aún cuando solo Daniel Cortez era el único que había estudiado música, la agrupación se caracterizó por su estilo y facilidad de creación de canciones, entre estas, el primer himno no oficial de la ciudad titulado A Chimbote. El arte de los músicos los llevó a tocar en diferentes partes del país, así como al Ecuador y Colombia.

El fin de este legendario grupo estaría ligado, paradójicamente, al apogeo y declive de otra banda chimbotana de la misma trascendencia. En 1973, Cortez se fue a México contratado por Los Pasteles Verdes originales en una gira de tres años por ese país —aunque al principio se suponía que serían solo tres meses— y cuando retornó, ya Los Rumbaney se habían desintegrado. El trompetista nunca pudo volver a resucitar su agrupación.

Por su parte, Los Pasteles Verdes iniciaron su trayectoria primero como un conjunto de cumbia, pero en 1972 los integrantes —adolescentes que vivían en la urbanización El Carmen— decidieron grabar su primera balada realizando un cover (una versión) de la famosa canción Angelitos negros, con la cual obtuvieron el éxito que trascendió fronteras.

Los Pasteles Verdes.

Luego grabaron su primer sencillo inédito titulado Recuerdos de una noche. El éxito fue tal que los llevó a una extensa gira en México. Sin embargo, junto con la fama llegaron también los celos y las disputas, problemas que el grupo no pudo superar y propiciaron su desintegración en noviembre de 1975.

Tiempo después, surgió el grupo Aldo y Los Pasteles Verdes, luego Fernando y Los Pasteles Verdes, y así fueron apareciendo otras agrupaciones con la denominación Pasteles Verdes, pero nunca repitieron el éxito que marcó el grupo chimbotano original.

DISTINCIÓN

Los Rumbaney, Los Pasteles Verdes y el grupo Sama, de los hermanos Salazar Maguiña, recibieron el 10 de julio de este año un reconocimiento honorífico del Congreso de la República, por su aporte a la cultura.

(Deivis Castro)