Antamina, la vaca de Huarmey


Heber Ocaña

Con asombro y preocupación leí la edición del mes de abril, de 2016, de Periódico Ferrol de Chimbote, sobre la impresión que causó la actual situación de Huarmey al periodista Deivis Castro, quien escribió la nota titulada: “Huarmey: 15 años con Antamina y un desarrollo que nunca llega”.

Sabemos que Antamina no ha traído progreso a Huarmey, ni lo traerá; ésta llegara únicamente si los huarmeyanos dejan de pensar que sólo con esa empresa transnacional pueden ubicarse en el camino correcto hacia el desarrollo.

Lo que sí ha traído y se ha establecido como señal de identidad en el común de los huarmeyanos, es el divisionismo atroz que estropea todo signo de desarrollo, en la mente y voluntad del ciudadano de a pie, que considera como redentor, buen vecino y socio estratégico a la minera, cuando en realidad es la culpable de toda la podredumbre, una empresa que con el “poderoso caballero con dinero” mutila los buenos modales y violenta los valores de algunos y -en crecida constante- de los huarmeyanos que se ven involucrados en actos deshonestos, deshonrosos frente a paisanos con los que han convivido muchos años, antes de la llegada del monstruo del divisionismo en Huarmey.

Prueba de lo que afirmo es la anticampaña de un comunicador social en una radioemisora de Huarmey, frente a los organizadores del I Campeonato de Vóley Interbarrios, realizado en mayo de 2016, en la zona de Buena Villa, al norte de la ciudad, evento que la minera se comprometió en apoyar, pero como al comunicador radial no le agradaba ese evento, realizó una anticampaña feroz, desembocando en la decisión final de la minera en no apoyar, aún cuando el dirigente de la zona y los organizadores, habían tenido la venia positiva del Superintendente de Relaciones Comunitarias de Antamina. Es así como se viven en estos tiempos en la llamada “Ciudad de la cordialidad”: entre odios y venganzas, cinismos e hipocresías, sonrisas falsas y saludos estériles, teniendo como actor principal a la minera exportadora de cobre y zinc, pero importadora de las más descomunales aversiones y repulsa practicadas por personajes de intereses subalternos que le hacen la jugarreta a la endiosada Antamina S. A.

Pero lo que me llamó poderosamente la atención, al leer la crónica de Deivis Castro, de El Ferrol chimbotano, es cuando afirma que Huarmey es “el pueblo costero –de aspecto triste y empobrecido- (que) no ha visto mejoras en su economía, educación, cultura o salud”, lectura que prácticamente me hizo mirar atrás, a los andares de Antonio Raimondi, a su paso por Huarmey en abril de 1859, para que más tarde (en 1873) plasmara sus impresiones de este pueblo de una sola calle, en su libro: “El Departamento de Áncash y sus riquezas minerales”, donde manifestara exactamente lo mismo que el periodista de El Ferrol: “El pueblo tiene un aire triste y sus casas dispuestas en una sola calle están construidas de caña con un ligero enlucido de barro”.

Para Tomas Gmo Santillana Cantella, autor del libro: “Los viajes de Raimondi”, la descripción del sabio italiano sobre el Huarmey de esos años, significa “pueblo triste y pobre”, dicho exactamente por el periodista chimbotano, con la marcada diferencia de que Raimondi lo dijo en 1873 y el periodista lo manifestó en abril de 2016, una diferencia de 143 años; es decir, más de 150 años después, Huarmey continúa siendo un pueblo triste y pobre, si contabilizamos el año de la visita de Raimondi a estas tierras.

El huarmeyano de hoy y de ayer, siempre ha vivido de utopías, de sueños postrados y frustrados, como cuando no teníamos fluido eléctrico las 24 horas. Las monografías que se redactaban desde el municipio provincial manifestaban que: “La provincia de Huarmey, necesita urgentemente la interconexión al sistema hidroeléctrico (…) que permitan el resurgimiento y progreso de la provincia (…) el anhelo más grande de este pueblo es contar con energía hidroeléctrica, por cuanto ello permitirá la creación de industrias que traigan progreso para esta zona ” – (Monografía de las provincias – Libro N° 23 - Fondo Editorial de la Sociedad Geográfica de Lima - 1990). El interconectado llegaría recién a Huarmey en 1995, hace 21 años, y los periódicos huarmeyanos de la época decían al respecto: “Esta obra constituye el impulso para que nuestra provincia despegue hacia su desarrollo anhelado… y asimismo aumentarán las fuentes de trabajo para nuestra juventud desocupada”. (Misión informativa Año 3 – N° 12 - Edición Mayo 95).

Pero todo ha sido un sueño, a Huarmey se le sigue viendo como un “pueblo triste y empobrecido”, al igual que en la época de Antonio Raimondi; un pueblo sin futuro, porque probablemente el espíritu que envuelve al total de la población sigue siendo el mismo, sólo que esta vez espera sentado que Antamina les resuelva sus problemas, les financie sus proyectos y viajes de pasantía, les auspicie sus eventos sociales, turísticos, deportivos e institucionales; es decir, la minera es hoy por hoy, la vaca de la historia del escritor colombiano Camilo Cruz. Urge a Huarmey despojarse de esa vaca para cosas o auspicios pocos trascendentes de cara a su desarrollo, desterrar todo signo de conformismo y mediocridad que lacera la unidad del pueblo huarmeyano.