Vallejo periodista, ser humano


Augusto Rubio Acosta

Sólo existe una forma de adentrarse a ciencia cierta en el concepto de la obra literaria de un escritor y en el secreto de su comprensión. Se trata de un espacio profano, oculto, nunca enunciado, pero atestado de enigmas que los lectores acuciosos y críticos intentan siempre descifrar. Introduciéndonos en lo que César Vallejo denominaba su “austero laboratorio creador”, leyendo con minuciosidad los artículos y crónicas periodísticas del poeta, su correspondencia, documentos casi inéditos y breves publicaciones póstumas, es posible encontrar intermitentemente las declaraciones estéticas del poeta, sus juicios sobre determinados artistas de la época que le tocó vivir, sus gustos, aversiones y diferencias medianas e insalvables con las ideas y la obra artística de otros autores. En suma, su obra periodística permite iluminar su obra poética, su obra literaria en general, permite entenderla, vivir sus libros plenamente.

En los seis primeros artículos y entrevistas publicados por el autor de “Trilce” en La Reforma y La Semana (Trujillo, 1918), así como en La Prensa (Lima, 1919) y El Norte, diario trujillano donde empezó a publicar en 1923, Abraham Valdelomar, la intelectualidad de Trujillo, Manuel González Prada y José María Eguren, son objeto de su reflexión y análisis. La vida fenicia y cartaginesa de la ciudad de la primavera no es ajena al Vallejo periodista de esta primera etapa, quien interroga y comenta a los principales exponentes de la escena intelectual de esa parte del país; destaca además en esta primera etapa en la prensa impresa, su conversación con el autor de “Horas de lucha” y su amistad trasladada al papel en blanco con el autor de “El caballero Carmelo”.

Cuando César Vallejo se embarca rumbo al exilio en Europa y se afinca inicialmente en el Odessa Hotel, de París (1923), su vida cambia radicalmente, así como su mirada artística y crítica respecto a la sociedad de su tiempo. El poeta se mimetiza con la bohemia parisina que por esos días migra de Montmartre a Montparnasse, asiste a obras de teatro e instalaciones artísticas, a galerías de arte y sesiones de la Academia Francesa, interactúa en cafés donde conoce a escritores, artistas plásticos y vagabundos: el vasto magma de una producción literaria cuyos enigmas son posibles develar -en gran medida- conforme se leen y analizan los artículos, crónicas y ensayos que el poeta publicó en aquellos años.

Y es que existe una relación intrínseca e intertextual que hace emerger el yo vallejiano y su circunstancia; son días decisivos en los que Vallejo publica, entre otros medios de esta primera etapa europea, en L’Amerique Latine (París, 1923), El Norte (Trujillo, 1923-1930), Alfar (La Coruña, 1924-1926), Sirio (Albacete, 1925), Mundial (Lima, 1925-1930), L’Europe Nouvelle (París, 1925), La Vie Latine (1925), Paris Time (1925), Perú (Génova, 1926), Favorables París Poema (1926), Amauta (Lima, 1926-1930), Variedades (Lima, 1926-1930), El Universal Ilustrado (México, 1926-1927), Revista de avance (La Habana, 1927), La Razón (Buenos Aires, 1927), Repertorio americano (1927-1937), Cromos (Bogotá, 1928) y El Perú (Leipzig, 1929).

Vallejo extrae de la lectura de las artes de su tiempo, su propia concepción de la poesía; en la pintura y escultura europeas, en la música y el cine cosmopolitas, halla imágenes que le sirven para forjar muchos de sus versos. Todo ello sin descuidar nunca la memoria, la nostalgia y el alma de su pueblo; una ética y una estética que no admiten transacciones y que defienden los valores humanos, la libertad y el arte, la justicia y la vida.

Iniciada la tercera década del siglo XX, el trabajo periodístico de Vallejo se adentra más en sus reportajes a Rusia, en analizar a los militantes bolcheviques, los panfletos contra el soviet, sus sectores sociales, los trabajos y placeres, y en conversaciones con algunos personajes como Maiakovsky. Así, los artículos y crónicas de este tiempo aparecen sobre todo en El Comercio (Lima, 1929-1930), Bolívar (Madrid, 1930), Nosotros (Buenos Aires, 1930-1939), Letras (Santiago de Chile, 1930), Claridad (Buenos Aires, 1931), Germinal (París, 1935) e Internationale Literatur (Moscú, 1937).

Por esa época la obra periodística de César Vallejo se torna marcadamente política y empiezan a descender en número y periodicidad. En 1931, por ejemplo, el poeta sólo publicó cuatro textos: una crónica incaica, un trabajo sobre la danza del Sihua, un análisis del nuevo teatro ruso y una especie de ensayo sobre dos literaturas. En 1932, el autor de “Los heraldos negros” no publicó texto periodístico alguno (o en todo caso aún no se halla pista alguna que diga lo contrario). Finalmente, entre 1935 y 1937, el poeta de Santiago de Chuco sólo publicó once textos periodísticos, de los cuales tres fueron escritos en francés (París, 1936), y uno que resaltamos en particular corresponde a la transcripción de su intervención en el II Congreso Internacional de Escritores (Madrid, 1937).

La obra literaria de César Vallejo está iluminada por su legado periodístico. En estas líneas no hemos analizado su lenguaje iniciático ni los giros que supuso en el autor la presencia de la vanguardia. En sus textos de prensa escrita emerge la palabra justa, el acento justo, el apogeo del verbo, la fuerza que mueve al mundo desde la sencillez y calidez humana. Si hasta parece que estuviésemos hablando de su poesía, pero no: es el Vallejo periodista, colega, extraordinario artista, ser humano.